Los estereotipos que circulan sobre El Salvador fuera del país suelen ser bastante degradantes. “Mis compañeros de estudio, cuando viví en los Estados Unidos, hasta me preguntaban si era marero”, una palabra que designa a los integrantes de las infames pandillas MS-13 y Barrio 18. “Tenía que hacer algo para ayudar a cambiar la percepción que hay de mi país”.

Argumedo, de 32 años, es el CEO y socio fundador de Hugo, una exitosa aplicación lanzada en San Salvador, la capital del país, en la primavera de 2017. Esta startup reúne una amplia gama de servicios: envíos de comida y de dinero, transporte privado e incluso un mercado para pequeñas empresas.

En la industria digital de Centroamérica, tan a menudo opacada por la diferencia de escala con otros mercados latinoamericanos, Hugo es un gigante. La empresa ha extendido sus operaciones a Guatemala, Honduras, Nicaragua, Costa Rica, República Dominicana y Jamaica, y sus ganancias ya ascendían a unos $50 millones anuales antes de la primera ronda de financiamiento en 2020. Hugo es dueña de un 90% del mercado de última milla en buena parte de los países en los que opera.

Los inversionistas están empezando a tomar nota, entre ellos quienes fueron los primeros empleados de Pipedrive, Taxify y Skype. La inversión previa a esa primera ronda ascendía a $13.6 millones. Basta la comparación con Rappi, líder en el mercado latinoamericano de aplicaciones de envíos, que recaudó nueve millones de dólares en su primera ronda de financiamiento en 2017. Hay en actividad 3,500 hugos, como llama a sus repartidores la app, que además cuenta con 4,500  empresas registradas.

Lanzar una aplicación de semejante envergadura en El Salvador presenta una serie de dificultades. Más del 25% de la juventud salvadoreña está desempleada y ha abandonado el sistema educativo. “Centroamérica no vale la pena”, explicó un ejecutivo local de una aplicación que compite con Hugo, con la condición de permanecer en el anonimato: “Es un mercado pequeño con un gran problema de corrupción”, y eso sin mencionar la inestabilidad política.

Los fundadores de Hugo cuentan que en parte se inspiraron en otras startups que tuvieron éxito en otros mercados desatendidos. Argumedo dice que le interesaba sobre todo el ejemplo de Skype, una empresa estonia con base en Tallin, que se convirtió en la primera startup nórdica en alcanzar una valoración de $1,000 millones, y de paso hizo de Estonia el país con más unicornios per cápita del mundo. “Si llegamos a ser el primer unicornio de la región”, nos explica Argumedo, “El Salvador podría convertirse en un hub tecnológico, lo cual traería inversiones y crecimiento a todos estos países”.


Cuando Hugo se lanzó en 2017, no había aplicaciones de entrega de última milla o de transporte privado en Centroamérica, y los salvadoreños se manejaban sobre todo en efectivo; a principios de 2017, menos del 12% de la población adulta tenía tarjeta de crédito, y solo el 29% tenía cuenta bancaria, cifra que se ha incrementado en apenas 1% en los últimos cuatro años.

Argumedo, que se crió en El Salvador, había vuelto hace poco de vivir en Nueva York, donde había trabajado con Óscar Salazar, uno de los fundadores de Uber. Cuando volvió a El Salvador, se fue a vivir a casa de sus padres. “Mi mamá llamaba a sus amistades para pedirles que me dieran trabajo”, cuenta entre risas.

Argumedo enseguida reclutó a un compañero tenista que se había aficionado a la tecnología financiera, Ricardo Cuéllar. Con la colaboración de familiares y amigos de los dos, reunieron los $115,500 que necesitaban para lanzar la app. “Me parece que esa ronda fue la más fácil”, cuenta Argumedo.

“Si llegamos a ser el primer unicornio de la región, El Salvador podría convertirse en un hub tecnológico, lo cual traería inversiones y crecimiento a todos estos países”.

En aquel entonces, el principal competidor en comida a domicilio era Gourmet Express, que hacía quince años que dominaba el mercado salvadoreño. “Era un servicio típico: llamabas y pedías de un menú preestablecido”, explica Argumedo. “Funcionaba bastante bien, y todo el mundo pensaba que no íbamos a poder hacerle competencia”. 

En los rubros de entrega a domicilio y transporte privado, Hugo competía con Uber, que también comenzó a operar en el país a principios de 2017. Pero a tres meses de su lanzamiento, Hugo se convirtió en la empresa líder del mercado de entregas a domicilio, según Ricardo Castaneda, economista senior del Instituto Centroamericano de Estudios Fiscales. Castaneda afirma que el éxito de Hugo se debió a su agresivo marketing y a sus relaciones institucionales: la élite económica y política de El Salvador es pequeña y bien conectada. “Era cuestión de pegar primero. No sé si los salvadoreños sepan que [Hugo] es una empresa local, pero tiene publicidad atractiva y excelentes conexiones, algo bastante excepcional”.

Alejandro Argumedo, CEO and Co-Founder of the food delivery app HUGO.

Los precios y las tarifas ligeramente más convenientes le aseguraron a la empresa la lealtad de sus clientes y sus trabajadores. Rest of World habló con conductores que trabajaron tanto para Uber Eats como para Hugo en Multiplaza, un centro comercial donde suelen parar a descansar los repartidores. Los trabajadores reconocieron que las tarifas de Hugo eran un poco mejores, tanto para los conductores como para los usuarios. Eso se debe a que la tarifa plana de dos dólares por viaje, que puede incrementarse dependiendo del tiempo y la distancia del envío. Un solo viaje les puede redituar a los conductores la mitad del dinero necesario para mantenerse por encima de la línea de la pobreza.

Castaneda cuenta que, si bien estos trabajos les permiten ganar dinero extra a muchos salvadoreños, las aplicaciones de pequeños encargos como Hugo no resuelven —antes bien: perpetúan— la precariedad laboral. “La gente está acostumbrada al trabajo informal. Agradecen tener el trabajo que sea, sin importar las condiciones. Con Hugo o con cualquier otra aplicación”, explica.

Al igual que las otras plataformas de la gig economy, Hugo no ofrece beneficios de ningún tipo a sus trabajadores. Los salvadoreños todavía sufren para llegar a fin de mes o para ahorrar con el sueldo que ganan con la app. Además, sus trabajadores precarios tienen que pagarse su propia gasolina y los gastos de mantenimiento de sus motocicletas, en países tropicales donde la temporada de lluvias dura hasta seis meses.

En los últimos años, han aparecido nuevos competidores en el rubro de las entregas a domicilio: eLunch, que sólo opera en El Salvador, ofrece seis platillos caseros que cambian todos los días. De todas maneras, las startups tecnológicas de la región son pocas y están muy por detrás de Hugo en capital e innovación.

Sus críticos señalan que, por más que Hugo se presente como una empresa independiente, su férreo dominio del mercado se ha vuelto sofocante. Christian Navas, fundador de eLunch, dijo en una entrevista para un periódico en 2019 que era muy difícil competir con aplicaciones como Hugo o Uber, afirmando también que ahogaban el mercado con su poderío financiero.

Sin embargo, otras instituciones e inversionistas consideran que Hugo está abriéndoles paso a otras startups en una región aún por explotar.

A delivery person for HugoApp is seen riding through the streets of San Salvador.

Hugo consiguió inversiones extranjeras al inicio de la pandemia de Covid-19. La respuesta del gobierno salvadoreño fue una de las más estrictas y militarizadas de la región. El confinamiento hizo explotar la demanda de servicios de entrega a domicilio. Carmen Morán, que reside en San Salvador, cuenta que, cuando se instituyó el confinamiento, la aplicación se le volvió imprescindible. 

Cuando empezó a usar la app en junio de 2020, Hugo tardaba más de un día para entregarle sus mandados, pero a principios de septiembre ya demoraba menos de treinta minutos. El incremento echó a andar un círculo virtuoso: más personas como Morán empezaron a usar los servicios de Hugo más y más, “para hacerme mandaditos”, como dice en referencia a la posibilidad que ofrece Hugo de entregar a domicilio cualquier cosa que se pueda llevar en moto. El aumento en la demanda y la falta de empleo le permitieron a la plataforma expandir su oferta de servicios.

Para fines de 2020, Hugo registraba un crecimiento del 280% y procesaba más de un millón de pedidos al mes, según el informe anual publicado por la propia compañía. El crecimiento exponencial durante la pandemia aceleró las ambiciones de la startup de convertirse en una superapp. Hugo está preparando un desembarco en el sector de la tecnología financiera en sociedad con Visa y el Banco LAFISE para facilitar el envío de remesas desde el exterior. La aplicación apuntará a procesar una porción de los $5,900 millones que enviaron a El Salvador el 1,400,000 salvadoreños que viven en los Estados Unidos, más o menos la quinta parte de la población del país.

No es la única forma de apoyar a la población migrante. Hugo está buscando crear un programa dirigido a salvadoreños que no han podido llegar a Estados Unidos, o han tenido que irse por otros motivos, para darles trabajo como conductores o en sus centros de atención telefónica al cliente. El programa incluso he generado el interés de la Organización Internacional para las Migraciones (OIM). Esta agencia de las Naciones Unidas está en conversaciones con Hugo para desarrollar una iniciativa para programadores financiada por el gobierno de Japón, para El Salvador y Guatemala. La OIM está estudiando emprendimientos tecnológicos como Hugo, que puedan dar trabajo a esas personas.

Argumedo también dice que quiere contribuir al desarrollo tecnológico de Centroamérica, luego de la debacle económica provocada por la pandemia. “Hay empresas enormes que han naufragado en la pandemia por seguir modelos tradicionales”. Su intención es que Hugo llegue a ser un unicornio, tras los pasos de la “mafia buena”, como en Skype se llaman a sí mismos. En el ecosistema centroamericano, tendrá que abrirse paso por su cuenta.